Empieza por la tapicería del sofá. Elige tonos naturales y claros, telas lisas o telas adamascadas… colores que puedan ir desde los tonos más claros (arenas, piedras, blancos – rotos), hasta otros más sufridos (tostados, ocres, beiges).
Si te decantas por una tela estampada, bien con motivos florales, rayas, cuadros porque te gustan, no renuncies a ellos. La clave está en compensarlos con telas lisas de los mismos tonos en los demás tejidos que arropan el salón. Por ejemplo, si tienes un sofá estampado, elige las cortinas lisas, pero que se repitan algunos tonos de la tapicería del sofá.
En cuanto a las fibras puedes optar por el algodón, muy resistente o el lino, pero lo mejor es que estén mezclados con fibras sintéticas porque duran más y no encogen al lavarlos. Otra elección sería la chenilla aguanta bien el roce.
Un truco que no falla para conseguir un ambiente muy coordinado es elegir todas las telas con el mismo color de fondo, o bien repetir algún tono del estampado de las cortinas o del sofá en los cojines o el ribete de la alfombra (si es de fibra natural).
Las cortinas tienen que tener una buena caída, y que dejen pasar la luz y sobre todo sean fáciles de lavar; las más prácticas son las de algodón con mezcla de fibras artificiales. La seda y el terciopelo son más suntuosos y elegantes.
Las alfombras más ligeras y que siempre quedan bien son las de fibra natural, son geniales combinadas con cojines de yute o ribeteadas con las telas del sofá o de las cortinas, también puedes hacerlo con cuero.
Si tu cabecero lo quieres tapizado, elige telas lavables, resistentes y sufridas; opta por un tejido liso y neutro para no condicionar la elección de la ropa de cama. En cualquier caso, para lograr un ambiente relajante elige tonos suaves y telas naturales. Coordina la colcha y las cortinas, por ejemplo una lisa y otra estampada. ¡¡Acertarás!!.




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